GUERRA DEL PACÍFICO
La Guerra del Pacífico fue un conflicto armado acontecido entre 1879 y 1883 en el cual se enfrentaron la República de Chile contra las repúblicas del Perú y de Bolivia. También se la ha denominado Guerra del Guano y Salitre.
ANTECEDENTES
A mediados del siglo XIX el desierto de Atacama había adquirido un gran valor económico debido al descubrimiento de valiosos yacimientos de guano y, posteriormente, de salitre, ambos, entonces, con buena ley y buen precio en el mercado internacional.
Existen discrepancias entre los historiadores bolivianos y chilenos con respecto a si el territorio de la Audiencia de Charcas (primero dependiente del Virreinato del Perú y después del Virreinato del Río de la Plata), disponía o carecía de litoral. Apoyándose en diversos documentos, los bolivianos insisten en que lo tenía; por su parte, los chilenos lo niegan o lo ponen en duda. Al crearse la República de Bolivia en 1825, Simón Bolívar incluye la costa de Cobija (Puerto La Mar) como parte de esta nueva república. La explotación económica de esa zona costera fue llevada a cabo por empresarios chilenos.
Antes del inicio de la guerra los respectivos presidentes eran Hilarión Daza (en Bolivia), Aníbal Pinto Garmendia (en Chile) y Mariano Ignacio Prado (en el Perú). Las Repúblicas de Bolivia y de Chile habían suscrito dos tratados de límites: el primero de ellos en 1866 (Tratado de límites de 1866 entre Bolivia y Chile) y el segundo en 1874, junto a un protocolo complementario de 1875 (Tratado de límites de 1874 entre Bolivia y Chile). Ambos tratados fueron ratificados en su oportunidad y canjeados en Santiago y en La Paz.
De acuerdo con su preámbulo, el tratado de 1866 tenía por finalidad, "poner un término amigable y recíprocamente satisfactorio a la antigua cuestión pendiente entre ellas sobre la fijación de sus respectivos límites territoriales en el desierto de Atacama y sobre la explotación de los depósitos de guano existentes en el litoral del mismo desierto" [sic], estableciendo en su artículo I que la frontera de los dos países sería "en adelante el paralelo 24 de latitud meridional desde el litoral del Pacífico hasta los límites orientales de Chile"; asimismo establecía una medianería en favor ambos países, entre los paralelos 23 y 25, sobre los productos provenientes de la explotación de los depósitos de guano y los derechos de exportación que se percibieren sobre los minerales extraídos en aquella área.
El gobierno que depuso a Mariano Melgarejo declaró como nulos todos los actos del gobierno anterior, incluyendo los tratados de límites firmados con Chile y Bolivia; esta declaración tensionó las relaciones con el gobierno chileno hasta la firma del Tratado de 1874, que reemplazó al de 1866. Este último tratado volvió a fijar como límite entre las Repúblicas de Chile y Bolivia "El paralelo del grado 24 desde el mar hasta la cordillera de los Andes en el divortia aquarum" [sic], estableciendo además, en el artículo IV, que los derechos de exportación que se impusieran sobre los minerales exportados en el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 25 de latitud sur "no excederán la cuota de la que actualmente se cobra, i las personas, industrias y capitales chilenos no quedarán sujetos a mas contribuciones de cualquiera clase que sean que las que al presente existen. La estipulación contenida en este artículo durará por el termino de veinticinco años" [sic]. Este tratado internacional era el vigente hacia 1879.
El 27 de noviembre de 1873, la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, una sociedad chilena formada por capitales chilenos y británicos, firmó un acuerdo con el gobierno boliviano que le autorizaba la explotación de salitre libre de derechos por 15 años, desde la bahía de Antofagasta hasta Salinas, incluyendo el Salar del Carmen. Dicho acuerdo no fue ratificado por el congreso boliviano, que en ese entonces se encontraba analizando las negociaciones con Chile —que darían por resultado el tratado de 1874—.
CRISIS E INICIO DEL CONFLICTO
En 1878 el congreso de Bolivia se abocó al estudio del acuerdo celebrado por el gobierno en 1873. Para Bolivia, el contrato firmado en 1873 con la Compañía de Salitres de Antofagasta, aún no estaba vigente, porque de acuerdo con la Constitución boliviana, los contratos sobre recursos naturales debían aprobarse por el Congreso. Ello se hizo por la Asamblea Nacional Constituyente boliviana mediante una ley, el 14 de febrero de 1878, a condición que se pagara un impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado por la compañía.
Artículo Único. Se aprueba la transacción celebrada por el ejecutivo en 27 de noviembre de 1873 con el apoderado de la Compañía Anónima de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta a condición de hacer efectivo, como mínimo, un impuesto de diez centavos en quintal de salitre exportado.
Asamblea Nacional Constituyente de Bolivia. Ley de 14 de febrero de 1878.
En lo que respecta a Chile, el cobro del impuesto de 10 centavos sobre quintal exportado violaba el artículo IV del tratado de 1874. Por ello, dicho impuesto encontró una gran resistencia por parte de los propietarios de la empresa afectada y una cerrada defensa de su causa por parte del gobierno de Santiago, desencadenándose un conflicto diplomático.
A lo largo de los meses subsiguientes, el gobierno boliviano se abstuvo de implementar la ley mientras se discutían las objeciones presentadas por el gobierno chileno. El 8 de noviembre el canciller Alejandro Fierro envía una nota al canciller Martín Lanza indicando que el Tratado de 1874 podría declararse nulo si se insistía en cobrar el impuesto, renaciendo los derechos de Chile anteriores a 1866. El 17 de noviembre el gobierno de La Paz ordenó al prefecto del departamento de Cobija que aplicara la ley del impuesto para iniciar las obras de reconstrucción de Antofagasta. Aunque ambas partes propusieron la resolución del conflicto por vía de un arbitraje, tal como lo contemplaba el Protocolo de 1875, este no llegó a realizarse ya que mientras el gobierno de Chile exigía que se suspenda la ejecución de dicha ley hasta que su legalidad fuese determinada por un árbitro; el gobierno de Bolivia exigía que el blindado Blanco Encalada y sus fuerzas navales se retiren de la bahía de Antofagasta. El 6 de febrero, ante las protestas por parte de la Compañía de Salitres por la ley del impuesto y dado que el contrato no había cumplido con los trámites para declararlo, el gobierno de Bolivia rescindió el contrato con la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta. El prefecto Zapata ordenó rematar sus bienes para cobrar los impuestos generados desde febrero de 1878.
En Chile, la decisión de ir a la guerra se toma la mañana del 11 de febrero, cuando en una sesión especial del gabinete chileno se recibe un telegrama del norte, conteniendo textualmente un mensaje del ministro plenipotenciario de Bolivia "Anulación de la ley de febrero, reivindicación de las salitreras de la compañía". Este gatilla la decisión del presidente Aníbal Pinto de ordenar la ocupación de Antofagasta, que se realiza el 14 de febrero de 1879, ocupando tropas chilenas el litoral boliviano hasta el paralelo 23. El 14 de febrero, el día del remate, tres naves chilenas desembarcan en Antofagasta, Mejillones, Cobija y Caracoles reivindicándose estos territorios. El 16 de febrero llega a Lima el ministro boliviano Serapio Reyes a fin de exigirle al gobierno peruano que cumpla con el tratado de alianza defensiva de 1873. El 27 de febrero, Hilarión Daza decreta el estado de sitio en Bolivia.
Gracias a los archivos de la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta se sabe que en Chile no existía interés en ir a la guerra por salvar a la compañía, a pesar de que muchos políticos y ministros importantes eran accionistas minoritarios de la compañía. Sin embargo, la decisión sería otra en el caso de que se remataran efectivamente las salitreras, lo que, según la visión del presidente de Chile Aníbal Pinto, supondría la violación efectiva del tratado.
El Perú, que había suscrito el Tratado de Alianza Defensiva con Bolivia de carácter secreto en 1873 y al que Argentina no se había adherido, trata de persuadir al gobierno de La Paz para someterse a un arbitraje con la misión Quiñones, figura que se encontraba estipulada en el protocolo complementario de 1875, toda vez que se trataba de un "problema tributario" y no territorial. El gobierno peruano para mediar en el conflicto envió a su ministro plenipotenciario José Antonio de Lavalle a Chile; la misión del diplomático fracasó. El canciller Fierro pregunta al plenipotenciario peruano sobre la existencia de un "Tratado Secreto" firmado con Bolivia en 1873. Lavalle no tenía instrucciones sobre ello y le indicó que la comisión diplomática del congreso a la que él pertenecía no se había tocado de ese tema. En Lima el 20 de marzo el presidente peruano le expone al representante chileno Godoy que el tratado existe y que convocará al congreso peruano para evaluar que actitud tomar ante Chile y Bolivia.
El 1 de marzo el gobierno de Bolivia declara cortado todo comercio con Chile. El 15 de marzo Chile inicia preparativos para ocupar más al norte del paralelo 23. Con ello 23 de marzo tiene lugar la batalla de Calama, en la que las fuerzas chilenas vencieron a un grupo de civiles bolivianos. El 5 de abril de 1879 Chile le declara la guerra a Bolivia y Perú.
La revisión y análisis del tratado de 1873 entre Perú y Bolivia, lleva a historiadores peruanos a la conclusión que el Perú tenía la opción de decidir si este tratado estaba vigente ya que Bolivia había firmado uno de límites con Chile en 1874 sin consultar al Perú o si la agresión a Bolivia era real o si el asunto merecía un arbitraje. Esta misma interpretación dice que a raíz de la penetración de tropas chilenas en territorio boliviano y el poco interés del gobierno de Chile en "una salida diplomática", y a la declaratoria de guerra que le hace el gobierno chileno el 5 de abril, es que Perú se siente ligado a Bolivia por el tratado recíproco de defensa, y entra asimismo, en la contienda, declarando el casus foederis.
La historiográfica chilena en cambio afirma que el pacto es defensivo en la forma, pero ofensivo en el fondo, por lo que considera la mediación de Perú después de la toma de Antofagasta como una forma de ganar tiempo, mientras se realizaban preparativos de guerra. Además declaran motivos de más largo alcance para que la guerra terminara en un conflicto entre Chile y Perú, que sería, según esta visión, una enemistad que tendría raíces en la colonia, y exacerbadas en la independencia y en la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.
Por otra parte la historiográfica peruana afirma que las relaciones coloniales eran de cooperación y comercio entre los puertos del Callao y Valparaíso. Después de proclamada la Independencia, ambos gobiernos suscribieron el 23 de diciembre de 1822 un tratado de Liga, Alianza y Confederación, que establecía principalmente una alianza militar entre el Perú y Chile, el cual se complementó el 26 de abril de 1823 con un tratado de Auxilios, que reglamentaba el financiamiento de la campaña libertadora y aunque posteriormente el gobierno peruano no reconoció dicha deuda, en 1839 con la derrota de la Confederación, el Perú pagó a Chile la deuda contraída por el servicio prestado por el ejército chileno en la campaña restauradora y la independencia, así como reconoció las acciones de los oficiales de Chile otorgándoles premios y condecoraciones del ejército del Perú por reunificar el Perú y derrotar a Santa Cruz reconociendo a Chile como aliado del Perú. Esta alianza volvería a fortalecerse en 1866 durante la Guerra Hispano-Sudamericana en la cual las escuadras navales de ambos países combatieron juntas a la Armada Española en el Combate naval de Abtao; tras el Combate del Callao y el retiro de la flota europea de aguas americanas en octubre del mismo año el ministro chileno en el Perú Marcial Martínez, en cumplimiento de una ley dada por el congreso de su país, confirió al presidente peruano Mariano Ignacio Prado (el mismo en 1879) los despachos de General de División en el Ejército Chileno. Esto ha llevado a la historiografía peruana a afirmar la existencia de intereses económicos y políticas expansionistas en la clase dirigente chilena de ese entonces como verdadero motivo del estallido de la guerra.
CAMPAÑA NAVAL
A comienzos de la guerra era evidente que antes de cualquier operación militar en un terreno tan difícil como el desierto de Atacama, debía ganarse el control de los mares.
El poder de la escuadra chilena se basaba en las fragatas blindadas gemelas, Cochrane y Blanco Encalada, de 3.560 toneladas, 6 cañones de 250 libras de avancarga, 2 de 70, y 2 de 40 libras, blindaje de 9 pulgadas, velocidad de 11 millas a su máxima capacidad. El resto de la escuadra estaba formada por las siguientes naves de madera: las corbetas Chacabuco, O’Higgins y Esmeralda, la cañonera Magallanes y la goleta Covadonga.
La escuadra peruana basaba su poder en la fragata blindada Independencia y el monitor Huáscar. La Independencia desplazaba 3.500 toneladas, tenía un blindaje de 4½ pulgadas, 2 cañones de 150 libras, 12 de 70, 4 de 32, 4 de 9 libras, y andar de once millas a su máxima capacidad. El monitor Huáscar desplazaba 1.745 toneladas, blindaje de 4½ pulgadas, 2 cañones de 300 libras de avancarga, ubicados en la torre giratoria, y 11 millas de velocidad a su máxima capacidad, con lo cual posiblemente era la nave de combate más moderna de la marina de guerra del Perú. Completaban la escuadra peruana los monitores fluviales Atahualpa y Manco Cápac, la corbeta de madera Unión y la cañonera de madera Pilcomayo. Bolivia contaba con buques de guerra como el Guardacostas Bolívar, el Guardacostas Mcal. Sucre y las embarcaciones Laura y Antofagasta.
El puerto peruano de Iquique fue bloqueado por parte de la armada chilena. En el Combate naval de Iquique, el 21 de mayo de 1879 el monitor Huáscar, al mando del capitán de navío Miguel Grau Seminario, logra hundir a la corbeta chilena Esmeralda, al mando del capitán de fragata Arturo Prat Chacón, el que, al morir durante el combate, se convierte en el mayor héroe naval chileno. El mismo día la fragata Independencia se enfrenta con la goleta Covadonga, cuyo comandante capitán de corbeta Carlos Condell de la Haza, prefirió evadir el combate bordeando la costa, perseguido por la Independencia que en su afán de espolonear a la Covadonga haciendo que el blindado peruano, encalle en Punta Gruesa. El resultado del día en Iquique y Punta Gruesa, caló hondo en la opinión pública de ambos países. Los combates navales de Iquique y Punta Gruesa le dieron una victoria táctica al Perú: el bloqueo del puerto de Iquique fue levantado y las naves chilenas fueron hundidas o abandonaron el área. En el combate de Iquique, después de que el Huáscar hundiera la Esmeralda, Grau ayuda a los náufragos y envía un pésame a la esposa de Arturo Prat, mas tarde en Punta Gruesa, la escuadra peruana pierde a la fragata blindada de 3.500 toneladas al encallar en unos arrecifes cuando intentaba capturar una nave de madera de 630 toneladas, quienes continuaban en combate hasta la llegada del Huáscar. La pérdida de la fragata blindada Independencia, la mayor nave de la escuadra de la marina de guerra del Perú, representa un golpe irreparable para ésta.
Pese a su condición de inferioridad numérica, el comandante del Huáscar, mantuvo en jaque a toda la escuadra chilena durante seis meses. Entre las acciones más destacadas de las llamadas correrías del Huáscar se cuentan: el primer combate naval de Antofagasta (26 de mayo de 1879) y el segundo combate naval de Antofagasta (28 de agosto de 1879). El punto culminante fue la captura del vapor Rímac, el día 23 de julio de 1879. En esta acción Grau no sólo captura dicho buque, sino también el regimiento de caballería Carabineros de Yungay el cual se encontraba a bordo. Este hecho causa una crisis en el gobierno chileno que provoca la renuncia del almirante Juan Williams Rebolledo. Tras la renuncia de Williams, el mando de la escuadra chilena fue entregado al comodoro Galvarino Riveros Cárdenas quien se aboca a dar caza al Huáscar.
El combate decisivo de la campaña naval tuvo lugar en Punta Angamos, el día 8 de octubre de 1879. En este combate el monitor Huáscar, junto con la Unión, que logra escapar, es finalmente capturado por la armada de Chile, a pesar del intento de hundirlo por parte de su tripulación. Durante el combate muere su comandante Miguel Grau Seminario convirtiéndose a su vez en el héroe patrio del Perú. El combate naval de Angamos marca el fin de la campaña naval de la Guerra del Pacífico.
Luego de la derrota el presidente Prado, quien había viajado acompañando a la escuadra peruana, regreso a Lima y enterado del fracaso de las gestiones para adquirir en Europa dos blindados que reemplazaran al Huáscar y la Independencia, decidió viajar al extranjero él personalmente para dirigir las gestiones. Prado abandonó el país en el peor momento. Se creó un clima de incertidumbre y desesperanza. A Prado se le acuso de traición y Nicolás de Piérola aprovecho el momento para hacerse del poder.
CAMPAÑA TERRESTRE
Las tropas del ejército chileno iniciaron una serie de maniobras militares en las provincias de Tarapacá, Tacna y Arica. Las victorias de Pisagua, Pampa Germania y Dolores a fines de 1879 aseguraron el dominio chileno sobre el departamento de Tarapacá, así como las de Tacna, y Arica en 1880. La batalla de Tarapacá fue una victoria aliada, pero ésta no cambió el curso de los acontecimientos a favor de los aliados, pues Bolivia se retiró de la guerra después de la batalla del Alto de la Alianza en Tacna, y Chile siguió luchando contra el Perú.
La Capital, Lima; entonces una ciudad aristocrática, vivía desconectada del resto de Perú y subestimó completamente la situación bélica, lo que contribuyó a desestabilizar completamente su clase política y a evitar una preparación efectiva para enfrentar el desembarco chileno al sur de la ciudad. En enero de 1881, las tropas chilenas entraron en Lima, después de las batallas de San Juan y Miraflores. En esta última la propia población civil defendió sin éxito la ciudad cuando el ejército chileno atacó tres de los doce reductos. Después de la batalla hubo incendios y saqueos en los poblados de Chorrillos y Barranco.
Las fuerzas chilenas establecieron su autoridad y se impusieron cupos de guerra a la población limeña. Se impuso el orden en la ciudad, en las zonas de ocupación, y se restablecieron las actividades. Sin embargo, este orden no evitó la salida de objetos y bienes científicos o culturales, tales como instrumentos, herramientas, mobiliario y libros, algunos de los cuales fueron enviados a Chile, terminando otro tanto en manos de privados, de ambos países.
El dictador Nicolás de Piérola Villena se retiró de la capital para pretender seguir gobernando desde el interior del país, quien fue sustituido por un gobierno civil a cargo de Francisco García Calderón, que se negó a firmar la entrega del Departamento de Tarapacá.
Sin posibilidades de firmar la paz, el jefe de la ocupación chilena, Vicealmirante Patricio Lynch, estableció su cuartel militar en el Palacio de Pizarro en Lima y dirigió el combate contra la resistencia peruana en la sierra, en lo que se denomina la Campaña de la Breña o de la sierra, enfrentando abundantes actos de sedición en la misma ciudad y luego una resistencia claramente organizada.
Después de los enfrentamientos en San Juan y Miraflores, el entonces Coronel peruano Andrés Avelino Cáceres y otros como el capitán José Miguel Pérez decidieron llegar a los Andes Centrales para organizar y reiniciar la resistencia al ejército de ocupación chileno; para ello, el 15 de abril de 1881, se embarcaron en el tren de la estación de Viterbo (evadiendo la vigilancia de los soldados chilenos), con destino final la ciudad de Jauja. Así, y en gran medida ayudado por su profundo conocimiento de la lengua quechua, Cáceres organizó la defensa entre la población civil de la Sierra Central y el Coronel Gregorio Albarracín en la Sierra Sur; quienes ejecutaron una efectiva guerra de guerrillas durante tres años. Eligieron la breña de los Andes Centrales, porque presentaba una topografía excelente para aplicar la estrategia de guerra de guerrillas; asimismo, porque existían nuevos elementos humanos, aunque sin entrenamiento y con escaso armamento para una lucha prolongada.
La resistencia militar liderada por Cáceres en las regiones sur y centro andinas obtuvo varias victorias contra las fuerzas chilenas y se dirigió a Cajamarca, en la sierra norte, para evitar el encumbramiento de Miguel Iglesias, quien desde 1882 había manifestado firmar la paz con el gobierno chileno, aceptando cesión territorial.
El 3 de mayo de 1883 la base del Tratado de Ancón ya estaba acordada entre Patricio Lynch y Miguel Iglesias quien firma este convenio inicial desde Cajamarca. El 10 de julio de 1883 se desarrolló la Batalla de Huamachuco entre Andrés A. Cáceres y Alejandro Gorostiaga, finalizando con una victoria chilena. Miguel Iglesias envió una comisión especial para felicitar a Gorostiaga por su victoria. De esta manera, Cáceres había sido minimizado lo suficiente como para no cuestionar su autoridad. Montero por su parte, tuvo que salir de Arequipa para evitar la destrucción de la ciudad. El 20 de octubre de 1883 terminó en Ancón la discusión de los términos del tratado de paz. Una vez firmado el Tratado de Ancón, el 11 de marzo de 1884 la Asamblea Constituyente aprobó el Tratado. Iglesias marchó hacia Lima para asumir el gobierno del Perú.
Después de la guerra, las diferencias entre Cáceres e Iglesias dieron origen de una guerra civil entre los partidarios de ambos líderes, que finalizó en 1885 con el triunfo del primero.
CONSECUENCIAS
El costé del conflicto en vidas humanas fue alto, 14.000 a 23.000 muertos a lo largo de la guerra.
La guerra concluyó el 20 de octubre de 1883 con la firma del Tratado de Ancón, mediante el cual el Departamento de Tarapacá pasó a manos chilenas permanentemente y las provincias de Arica y Tacna quedaban bajo administración chilena por un lapso de 10 años, al cabo del cual un plebiscito decidiría si quedaban bajo soberanía de Chile, o si volvían al Perú.
A la firma de este tratado el Departamento de Tacna contaba con tres provincias: Tacna, Arica y Tarata. En 1885, dos años después del tratado, Chile ocupa la provincia de Tarata; la cual es devuelta al Perú el 1 de septiembre de 1925 por resolución del árbitro Calvin Coolidge, Presidente de los Estados Unidos.
El plebiscito previsto en el Tratado de Ancón nunca se llevó a cabo y no fue hasta 1929 que se firma el Tratado de Lima, que contó con la mediación de Estados Unidos, que decide que gran parte de la provincia de Tacna sería devuelta al Perú mientras que Arica y el resto quedaría definitivamente en manos de Chile.
El Estado de Chile pudo iniciar un proceso de chilenización dirigido a la población de Tacna, Arica y Tarapacá, interviniendo en las organizaciones privadas y públicas de la zona. A inicios del siglo XX la chilenización se hizo más intensiva y compulsiva, llegando a puntos exacerbados hacia el primer centenario de la Independencia de Chile por la actividad de ciertos grupos de población civil chilena, de naturaleza nacionalista, que comenzaron la creación de "ligas patrióticas" con la finalidad de desaparecer los rasgos peruanos de los territorios de Tacna, Tarata, Arica y Tarapacá.
La paz entre Chile y Bolivia fue firmada en 1904. El tratado de paz entre ambas naciones, en el cual Bolivia definitivamente reconocía la permanente soberanía chilena sobre el territorio previamente en disputa, ha sido, sin embargo, origen constante de tensiones diplomáticas entre ambos países durante el siglo XX y comienzos del siglo XXI, debido a que Bolivia perdió toda posibilidad de salida soberana al Océano Pacífico.
Tras su victoria, Chile tomó posesión no sólo de una importante extensión territorial, sino también de enormes depósitos salitreros, guaneros y de cobre. Éstos fueron adquiridos mayoritariamente por capitales británicos, por medio de la compra de bonos desvalorizados emitidos antes del conflicto por Perú y adquiridos a bajos precios con préstamos de bancos chilenos, que los hacían dueños de las salitreras, lo que ha llevado a parte de la historiografía moderna a ver a los ingleses como instigadores ocultos de la guerra, sin pruebas concluyentes a decir de la historiografía chilena. Algunos historiadores creen ver en algunas publicaciones de la época, inglesas y europeas en general, por ejemplo la editorial del diario británico "The Bullonist" aparecida en 1879, como pruebas del apoyo a las aspiraciones chilenas. Por el contrario, otros estiman que estas publicaciones se deben más bien al clima electoral existente en dicho país y a la ardua disputa entre el Primer Ministro Benjamin Disraeli, partidario de intervenir, y William Gladstone contrario a la intervención.
El salitre fue la principal fuente de riqueza de Chile hasta el descubrimiento del salitre sintético por los alemanes, durante la Primera Guerra Mundial.
24 sept 2013
14 jul 2013
HISTORIA DEL HIMNO NACIONAL DEL PERÚ
El Himno Nacional del Perú
Por: Alex Murazzo
“Todo lo que fuera establecido por mí se considerará sólo provisional” Don José de San Martín
“Pobre aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo” José de la Riva Agüero
Ya que se acercan las fiestas patrias, vamos a analizar la letra del Himno Nacional, aquel que llevamos cantando en cada ceremonia especial o acto público oficial hace más de 93 años. Para ello ajustándome rigurosamente a los sucesos históricos intentaré presentar los hechos desde su creación hasta las modificaciones o variaciones que se acuñaron con el tiempo.
Por: Alex Murazzo
“Todo lo que fuera establecido por mí se considerará sólo provisional” Don José de San Martín
“Pobre aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo” José de la Riva Agüero
Ya que se acercan las fiestas patrias, vamos a analizar la letra del Himno Nacional, aquel que llevamos cantando en cada ceremonia especial o acto público oficial hace más de 93 años. Para ello ajustándome rigurosamente a los sucesos históricos intentaré presentar los hechos desde su creación hasta las modificaciones o variaciones que se acuñaron con el tiempo.
Luego de la reunión que sostuviera el virrey de facto La Serna con San Martín
-tras mediación del comisario regio Manuel Abreu- sorpresivamente el general
realista abandona Lima y se dirige a la sierra sur, donde el ejército español
había conseguido sólo victorias; el mismo virrey La Serna, antes de retirarse,
invitó a San Martín a entrar en Lima pues era el único que podría evitar un
ataque contundente de “las montoneras” contra la capital. San Martín dio orden,
a las montoneras lideradas por el español patriota Álvarez de Arenales, de no
poner resistencia y permitir el retiro del Virrey. De esta manera San Martín
ingresó a Lima el 12 julio de 1821 siendo recibido con gran algarabía por el
pueblo; el 15 de julio promulgaría la independencia en cabildo abierto y el 28
de julio en las diferentes plazas de la capital –Plaza Mayor, La Merced, Santa
Ana y la Plaza de la Inquisición- . El arribo de la corriente libertadora del
sur a Lima generó en la aristocracia limeña sentimientos “ambiguos”. Como bien
apunta Jhon Lynch, los patriotas y los realistas por igual veían en San Martín
el líder que los protegería del desorden social; después de la marcha del
virrey, la aristocracia limeña invitó al libertador a tomar posesión
prontamente de la capital, ante el temor por la insurrección de las clases
populares. La aristocracia no sólo temía a los esclavos, con mayor razón debía
temer a los indios armados que rodeaban Lima, claro, bajo las órdenes de los
oficiales de San Martín, pero indios al fin y al cabo. Fueron precisamente
estos “criollos, notables vecinos de la ciudad” los que firmaron el acta de la
independencia y terminaron nombrando a San Martín Protector de la Independencia
del Perú. Entre los firmantes se distingue el nombre de José De La Torre Ugarte
de cuya inspiración se produjo la letra del Himno Nacional.
El 7 de Agosto de 1821, el protector, considerando que era necesaria la adopción de una “Marcha Nacional” en el Perú, convoca a un concurso público. Respecto al concurso, es importante aclarar que no se emitió ninguna publicación oficial donde se definieran las bases del mismo, ni siquiera puede hallarse testimonio de la convocatoria en “la Gaceta del Gobierno” periódico oficial del protectorado.
José De La Torre Ugarte (letra) y Bernardo Alcedo (música) fueron los ganadores del concurso. El Himno Nacional recibió reconocimiento oficial por ley del 15 de abril de 1822. Hasta donde he revisado –y si algún colega tiene información hacerla llegar- la letra del Himno no llegó a publicarse oficialmente, la única publicación de la cual se tiene cuenta es el libro escrito por Bernardo Alcedo “Filosofía Elemental de la Música” publicado en Lima 1869. Las notas del Himno Nacional se entonaron por primera vez el 23 de setiembre de 1821 con motivo de la celebración de la entrega del Real Felipe por parte de José La Mar.
De la Torre Ugarte, abogado, con estudios en San Marcos, fue un leal colaborador de San Martín, también fue colaborador de Riva Agüero como oficial mayor del ministerio de Guerra y Marina, auditor de guerra en 1827 y finalmente vocal de la corte superior de La Libertad en 1830, muere en Trujillo el 1 de setiembre 1831 desempeñando este importante cargo. Escribió algunas canciones populares como “La Chicha” a la cual Alcedo le puso música y que era fervorosamente cantada durante el gobierno de San Martín. Bernardo Alcedo por su parte, desde niño se dedicó a la música, fue instruido por maestros religiosos de San Agustín y Santo Domingo, vivió mucho tiempo en Chile hasta 1864 que regresó definitivamente a su patria. Participó en las dos campañas a puertos intermedios. En 1869 publicó en Lima el libro “Filosofía elemental de la música”. Fue miembro de la sociedad Fundadores de la Independencia, presidente vitalicio honorario de la sociedad Filarmónica de Lima y director general de las bandas de música del ejército, falleció en Lima el 28 de diciembre de 1878. Como vemos, ambos personajes estuvieron muy vinculados al fenómeno independentista. Es precisamente en su obra “Filosofía elemental de la música”, donde Bernardo Alcedo denuncia las variaciones sufridas por el himno nacional y que distaban del himno original. Bernardo explica que desde la década del 40 del siglo XIX (anarquía militar) la estrofa “largo tiempo el peruano oprimido…” fue añadida como parte del himno. Es precisamente en el mismo libro donde Bernardo presenta una copia que guardaba de la composición del doctor De la Torre Ugarte, proponiendo que se haga la corrección. Esta estrofa siguió cantándose hasta el día de hoy, aunque en el discurrir histórico muchos historiadores, poetas e intelectuales se han pronunciado al respecto definiéndose dos corrientes: aquellos que plantean anular la estrofa apócrifa volviendo a la original que escribiera de la Torre Ugarte y por otro lado aquellos que plantean la permanencia del himno nacional actual, respaldados en la tradición. Para definir nuestra posición debemos tomar en cuenta datos adicionales.
La letra que escribiera el doctor José de la Torre Ugarte como “Marcha Nacional”, ha enfrentado diversas críticas. Por los años de 1870, se formó en Lima, el Club Literario con la mejor gente de la segunda generación liberal de su época, entre los cuales estaba el gran poeta Luís Benjamín Cisneros y el gran historiador y hombre de ciencia en el Perú don Eugenio Larraín de Huánuco, jóvenes a la sazón, preocupados precisamente por la mala calidad de los versos de De La Torre Ugarte, aunque no es la calidad del verso lo que le da forma ni calidad al himno, sino la expresión que este hace del alma nacional; ambos literatos ilustres, proponen al Club Literario que se haga una revisión y que se cambie definitivamente esta letra. El Club Literario aprueba el estudio de una nueva letra con el objeto de sustituir a la tradicional, aunque con carta del 15 del de junio de 1874 Benjamín Cisneros y don Eugenio Larraín desisten de dicha propuesta, pero el debate quedó abierto.
A inicios del siglo XX el presidente Eduardo López de Romaña convoca a concurso para cambiar la letra del himno nacional, el ganador fue el poeta José Santos Chocano. El motivo fundamental del cambio de letra era su antihispanismo ya que por entonces el Perú estaba en paz y gran amistad con España, habiendo aceptado S.M el Rey ser árbitro en su ligio territorial con Ecuador. La convocatoria al concurso dio lugar a múltiples discusiones y el nombramiento del jurado dictaminador, uno de sus miembros resultó ser el tradicionalista Ricardo Palma quien estuvo de acuerdo con el cambio de las estrofas excepto el coro. Santos Chocano, con el seudónimo de Improntu, ganó el concurso, aunque no se expidió una resolución suprema que oficializara el nuevo Himno, ni se cumplió con el premio “una medalla de oro”, lo cierto es que la nueva letra fue cantada en los colegios hasta 1912. Entre los que fueron niños entonces encontramos al ilustre Luis Alberto Sánchez quien en un artículo publicado en el diario la prensa (03 de marzo de1974) se recuerda entonando las estrofas del nuevo himno. El presidente Billingursth, el 26 de febrero de 1813, promulga el decreto ley Nº 1801 en la cual declara oficial e intangible, el himno nacional letra de don José de la Torre Ugarte y música de Don Bernardo Alcedo y adoptado por el supremo gobierno en 1821. Cuando se consigna la letra del himno aparece una estrofa que no corresponde al puño del doctor De La Torre Ugarte aquella que dice “Largo tiempo el peruano oprimido, la ominosa cadena arrastró…”. Según algunos estudios que he tenido oportunidad de revisar, como es la investigación de Jorge Raygada, trabajo prologado por Jorge Basadre, encontramos que la estrofa consignada como apócrifa “largo tiempo el peruano oprimido:..” y que para algunos historiadores es denigrante y no se ajusta a la verdad histórica, era cantada por negros en Lima antes del ingreso de San Martín y fue conocida como la primera canción patriótica. Esta “primera canción patriótica” fue entonada en el momento en que se produce la marcha de los realistas encabezados por Canterac, que bajan de las alturas de la sierra y ocupan la plaza del Callao, frente a la amenaza de Canterac, estando reunidos en el Teatro principal - hoy Teatro Segura- los distinguidos representantes de la sociedad limeña, aparece improvisadamente San Martín y anuncia el riesgo que enfrenta la capital; ante la noticia la multitud que llena el teatro se levanta e inmediatamente y entona espontáneamente la primera canción nacional, "Largo tiempo el peruano oprimido…".
Como vemos han sido múltiples intelectuales, quienes a través del tiempo han cuestionado la letra de don De La Torre Ugarte. Pero la letra de un Himno responde a un momento, a una coyuntura en la cual el sentir de los actores involucrados se ven representados. La estrofa “largo tiempo el peruano oprimido” fue un cántico patriota, entonado generalmente por las clases populares, que responde al sentir de una época, inclusive antes de cantar oficialmente el himno de don José De La Torre Ugarte ya se entonaba “largo tiempo….”. Esta estrofa esta relacionada a los grupos populares, sector que masivamente apoyaron a las tropas independentistas e hizo lo que la débil, taciturna y tibia aristocracia limeña no se atrevió.
Se ha mencionado entre quienes pretenden eliminar la estrofa “apócrifa” que esta hace alusión a que no hubo rebeldía frente al invasor, hecho que esta descartado por cientos de rebeliones y movimientos indígenas que se produjeron en 280 años de explotación, desde los generales atahualpistas quiteños hasta el apoyo recibido por los libertadores de las masas indígenas en pleno siglo XIX; pero en conjunto la situación colonial sí fue la de un gemido permanente, gemido que era la expresión de dolor de un pueblo que se sentía postergado y sometido por una dominación extranjera y que levanta la cabeza, entonces, después de largo tiempo para proclamar la libertad que ha llegado a sus costas en manos de San Martín. Esta podría ser la interpretación del "largo tiempo el peruano oprimido" que hemos cantado desde el colegio y que han cantado -y eso es lo más importante- no solo las generaciones presentes sino todas las generaciones del Perú desde 1821. Además, el Himno Nacional tal cual lo percibimos hoy está arraigado en la tradición popular, como ya hemos dicho un himno refleja la realidad de un momento y en el momento de su creación existía la euforia de la victoria lograda en la guerra de la independencia. Es así que temas como la esclavitud, el sufrimiento de la opresión, problemas sociales resueltos mucho después se explican por su contexto temporal, que siempre es cambiante y que, por tanto, no puede suscitar la modificación del contenido del himno una y otra vez. El poeta y catedrático Marco Martos, para quien la tradición también es una fuente válida. Nos dice: "No interesa tanto quién la creó. La historia ha demostrado que hubo muchas versiones que no prosperaron porque la tradición popular se impuso. Es como cambiar el nombre a una calle. Aún cuando en los mapas y carteles aparezca el nombre nuevo, la gente la seguirá llamando de la anterior manera". Por ello, no importa cuantos himnos oficiales haya tenido el Perú; sino, cuanta fuerza ha tenido la tradición popular para mantener vigente hasta hoy el que ha sido nuestro único y verdadero himno nacional.
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